TÉCNICA, TÉCNICA Y MÁS TÉCNICA

PINCELADA 3

Con mucha frecuencia las demandas que nos llegan a los psicólogos deportivos tienen que ver con trabajar la paciencia y la perseverancia que se necesita para avanzar en el deporte.

Trabajar la base técnica requiere tiempo y a veces quizá cuesta entender el porqué de insistir una y otra vez en los ejercicios básicos. Y es que ESTAMOS FORMANDO HÁBITOS. Generar hábitos correctos es la mejor inversión que podemos hacer porque corregirlos aún cuesta muchísimo más.

AAA

Y es ahí donde tanto tú, el deportista, como el entorno que te apoya, debe tener claro que NO HAY ATAJOS. Si los buscas, tarde o temprano, llegará un momento en que te atores. Así que es necesario aprender a perseverar, a disfrutar con los pequeños avances sabiendo que más adelante serán gigantescos, a saber que esos ejercicios básicos nos están ayudando a crecer. A tener paciencia. A confiar en el método progresivo. A confiar en ese entrenador que te insiste en asentar tu base, aunque suponga volver a revisar los principios. A confiar en tu equipo y en  ti mismo.

¡¡A SABER APRENDER!!

¿Conoces la fábula del bambú? Déjame que te la cuente:


Cuenta una fábula que un agricultor japonés decidió un día plantar bambú.

Había estudiado bien algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo convierte en no recomendable para impacientes: siembras la semilla, la abonas, tienes que regarla constantemente y durante mucho tiempo no pasa nada. Es más, durante el primer año no sucede nada, a tal punto que un agricultor inexperto estaría convencido de haber comprado semillas no fértiles. Tampoco pasa nada durante el segundo año y el tercero. Es más, durante los primeros 7 años no pasa absolutamente nada con esa semilla. Sin embargo durante el 7mo. año, en un periodo de sólo 6 semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitiría sostener el crecimiento que iba a tener después.

Así pasa en la vida cotidiana: que quizá muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

O también otras veces en las que nos encontraremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos) es muy útil recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que mientras no “bajemos los brazos” ni abandonemos por no “ver” los resultados que esperamos, estaremos permitiendo que algo suceda dentro nuestro…

Estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

“Si no consigues lo que anhelas, persiste y no desesperes…

quizá sólo estés echando raíces…”

 

(fuente: copc.org – Colegio Oficial de Psicólogos de Catalunya)