Y cuando no se puede, ¿Que…?

Llevas tiempo preparándote para una gran cita, esa que tanto te ilusiona y por la que estás invirtiendo, sin dudarlo, esfuerzo, horas y recursos. Organizando el trabajo y los medios necesarios que te permitan lograr tu objetivo. Sólo tú sabes los juegos malabares que, a veces, has de hacer con el tiempo y con los medios de que dispones para que todo cuadre. Todo lo que depende de ti.

Pero no todo depende de ti.

La fatalidad de un accidente o una lesión, un fallo imprevisto, una mala decisión, un algo que no tenía por qué ocurrir pero que ocurre y … todas las expectativas se esfuman.

¿Te suena?

Si, seguro que sí. Todos, de alguna forma, hemos experimentado pérdidas y además fíjate que estamos expuestos a ello todos los días.

Nos podemos imaginar cuánta rabia, impotencia, frustración y tristeza hay en esos momentos. Más tarde incluso desmotivación. La intensidad de tales emociones depende, claro, de la gravedad de la pérdida, de la forma en que se produce y de si existen alternativas. Y, por supuesto, también de los recursos que tenemos para hacerle frente.

Entre ellos, tu actitud ante las adversidades:

El dolor emocional es inevitable y es natural experimentarlo, pero su intensidad y cuánto pueda durar y afectar depende de nosotros. De que sepamos reaccionar y recuperarnos.

Porque CUANDO NO SE PUEDE a pesar de haberlo puesto todo de tu parte, NO SIRVE DE NADA lamentarse POR MUCHO TIEMPO.

Es mucho más útil preguntarte QUÉ PUEDES HACER AHORA. Y hacerlo.

Fíjate que digo que no sirve de nada lamentarse “por mucho tiempo”. Y esto es algo crucial para superar adversidades. A la tristeza, la rabia y demás emociones asociadas a una pérdida es bueno darles el tiempo que merecen, el que necesitan porque su función es precisamente hacer que la pérdida se pueda asimilar. Si las negamos, si las rechazamos o intentamos suprimirlas, no sólo no se irán, sino que nos lo harán pagar de mil formas.

Así que, si has perdido inexorablemente algo importante, llora, grita si te alivia o vuelve a llorar. Concédete un tiempo y en cuando la tormenta amaine, pregúntate:

QUÉ PUEDO HACER AHORA QUE ME RESULTE ÚTIL Y BUENO?

Qué puedes hacer ahora que sea útil, que te ayude y que te permita seguir adelante como te mereces en pos de tus objetivos.

Y HAZLO. Por pequeño que sea ese paso, es de GIGANTE!

Y así siempre que te pueda vencer el desánimo. Verás que si actúas así, esas preguntas tienen sobre el estado de ánimo un efecto reparador y revulsivo inmenso.

Porque las buenas preguntas facilitan las respuestas adecuadas.

Al fin y al cabo el sufrimiento depende de cuánto te resistas a lo que te ha pasado. Así que, fíjate un tiempo para llorar y luego reacciona. Harás que la tormenta pase y llegue la calma.

Ya nos gustaría que el éxito viniera garantizado siempre por la cantidad de esfuerzo que se invierte en conseguirlo, ¿verdad? No es así. No hay garantía para el éxito. Sólo probabilidades. De ahí que la mejor recompensa al esfuerzo sea verlo como algo que te gusta hacer y sentir.  Está muy extendida la creencia de que “todo esfuerzo tiene su recompensa. Pero es una creencia incompleta y hasta falsa. Para que sea segura, hay que preguntarse cuál es tu recompensa. Y si la recompensa al esfuerzo es, precisamente, saber que puedes hacerlo entonces estarás en el buen camino para disfrutar de él en cualquier situación. Incluso cuando la suerte, a veces, juegue en tu contra.

Porque es seguir o abandonar. Pero abandonar suele perseguirte después y darte muchos sinsabores.

Lo más inteligente es SEGUIR, recomponer tus objetivos y volver a empezar. Los deportistas sabemos mucho de recomenzar. De hecho, cada competición, cada proyecto, cada nuevo equipo supone empezar de nuevo. Es parte del juego.

Recuerda que sólo se falla cuando dejas de intentarlo.

Así que, para resumir, aquí tienes algunas pautas útiles para lidiar con el “CUANDO NO SE PUEDE ¿QUÉ?” y recuperarte lo antes y mejor posible:

  1. Concédete un tiempo para dar rienda suelta a lo que sientes. Sea lo que sea lo que sientas, déjale estar y dale espacio. Las emociones pasan relativamente rápido cuando no se las resiste.
  1. En cuanto cedan, pregúntate QUE PUEDES HACER en ese momento que te alivie.
  1. Hazlo y concédete el mérito de estar reaccionando. Lo estás haciendo bien! En momentos duros es importante regalarse minutos dulces, aquello que te hace sentir bien y rodearte de gente que te comprenda y te quiera. EL AFECTO SANA!
  1. Explica lo que te pasa a quien te pueda comprender mejor. No te lo guardes sólo para ti. La carga se hará más llevadera e incluso pueden surgir alternativas.
  1. Arréglate. Si cuidas tu aspecto, verás que te sentirás mejor.
  1. Y ahora, pregúntate cómo puedes recomponer tus objetivos. Analiza lo que ha fallado y corrige lo que esté en tu mano. Recuerda que aprender pasa por CORREGIR RÁPIDO.
  1. Ten más de un objetivo. Poner todas las manzanas en el mismo cesto puede ser muy doloroso si el cesto se rompe.
  1. Persiste. El trabajo no te garantiza el éxito, pero sin él, el fracaso si está garantizado.
  1. Ten paciencia.
  1. Sigue creyendo en ti.

Y con todo ello, si alguna vez te preguntas: cuando no se puede, ¿qué? Sabrás encontrar una respuesta. Tu respuesta.